domingo, mayo 03, 2015

Coaching al Liderazgo



En el número 3 de la Revista Virtual CONVERSACIONES DE COACHING se publicó el mes pasado mi artículo "Coaching al Liderazgo". María Eva Baccaro que tan eficazmente la dirige me ofreció mantener una columna en la publicación y se lo agradezco sinceramente. Por cierto  que recomiendo leer completa la revista. Dejo aqui el LINK    que lleva a la portada en la que aparece  Julio Olalla, dentro encontrarán interesantes artículos del propio Julio, Leonardo Wolk, Javier Carril, Irene Torres, Daniel Rosales y varios más.

 
"He considerado siempre el Liderazgo como el resultado de un nivel de conciencia superior aplicada a una transformación intencional (buena o mala), por eso mi curiosidad (todavía a distancia, lo sé) por la disciplina del mindfulness, la conciencia plena.

¿Entendemos la conciencia plena como un nivel de vibración energética superior a la atención? No lo sé a ciencia cierta, sólo presiento cada vez más vivamente que este es un tema importante para quienes nos dedicamos al coaching, que es algo en lo que nos debemos preparar, sobre todo cuando nos orientamos al “coaching al liderazgo”, es decir a quienes lo ostentan o aspiran a tenerlo.

Después de conversar con otro coach que está más cerca de estos temas, mi sobrino Juanjo Pineda Vera, escribí en mi cuaderno de notas: “En este punto aparece el poder de la meditación y a través de ella el despertar de la curiosidad y la posibilidad de la sanación” sin duda imbuido por sus palabras.
¿La sanación de qué? Dejo la pregunta abierta por ahora y me quedo con la idea de que estar atentos al mundo que nos rodea y a nuestro interior sólo es posible cuando habitamos emociones que lo permiten. Tiene que estar lejos el odio, la rabia, la codicia, la envidia, que focalizan la atención en lo odiado, en lo que consideramos injusto para nosotros, en lo codiciado o lo envidiado. Requerimos una emoción de paz interior que debe ser lo que hemos llamado estar en nuestro centro. Y ese centro del coachee debiera ser el centro del coaching.

Juanjo me dijo “cuando estamos en nuestro centro un eje se armoniza: Razón- Emoción- Intuición y podemos centrarnos en un Foco”.

Todo esto para decir que, conforme avanzo en la experiencia de ser coach, se apodera de mí la convicción de que hacer coaching es un acompañamiento cuyo objetivo más profundo es provocar nuevas conversaciones interiores en el coachee en un espacio de paz y serenidad, en el que emerja su voz más auténtica desde los anhelos de su corazón. Creo que cuando eso nos sucede se aclaran nuestros pensamientos y surge la confianza y el amor por la vida que vivimos.

Y también, desde que he ido transformando mi manera de ver el coaching, suele pasarme que aparecen libros, artículos, autores que responden a mi curiosidad de forma sorprendente. Por ejemplo hablaba recientemente con mi cliente y amigo Silvio García sobre el filósofo coreano Byung-Chul Han y en el prólogo de su opúsculo “La sociedad del cansancio” dice: “Tal cansancio no resulta de un rearme desenfrenado, sino de un amable desarme del Yo”.

...Sino de un amable desarme del Yo ¡Qué inspirador! Byung-Chul habla de un cansancio curativo, de ese momento en que el coachee (nosotros mismos) nos percatamos que estamos presos de obligaciones, responsabilidades, activismo y nos damos cuenta que sólo podremos salir si nos decidimos a un último esfuerzo, a buscar en nuestro interior y hacer ese amable desarme. Puede ser esta la respuesta a la pregunta que dejé abierta unos párrafos atrás: ¿La sanación de qué?

Y sigo, anteayer una buena amiga me hizo llegar un resumen ejecutivo de libro de Otto Scharmer

“Abordando el punto ciego de nuestro tiempo” que, en sus 7 capacidades para el Liderazgo para tener una plena presencia, indica como primera capacidad, la de “Contener el espacio: escuchar lo que la vida nos pide que hagamos”
¿Qué le pide “la vida que vivimos” a los líderes en este siglo 21 que se ha iniciado de forma tan turbulenta? Parece que no les pide repetir la historia, porque caminos muy diversos nos han llevado a sociedades en las que no somos felices, les pide abrirse sin miedo a otra forma de escuchar.

Si esto les representa, si ustedes que lo leen, están de acuerdo, significaría que hace falta que nos replanteemos las capacidades de los coaches y su enfoque, para ser acompañantes de líderes.

Recuerdo que cuando me formé en esta disciplina, ya hace más de 21 años, bromeábamos al final de los cursos con sketches que parodiaban la formación que habíamos recibido: Coach y coachee frente a frente en un ring imaginario y después de preguntas al modo de golpes directos, crochet, uppercut o swing llegaba un golpe puñalada, un hook y el coaching se producía cuando las lágrimas anegaban los ojos del coachee. ¡Coaching, Coaching! Era el clamor de la sala como el que grita K.O., K.O.

Hoy, más que lágrimas, que puede haberlas, creo que ese momento surge en el proceso de desvanecimiento de una ceguera, de una traba, de la desaparición de una compuerta que da paso a una voz que no escuchábamos, a una perspectiva que no veíamos y que hace posible una conversación interior que reconocemos como profundamente nuestra.

Para ello puede ser que haya que enfrentar el lenguaje que hemos construido para defender lo que siempre hemos hecho, por ejemplo “centrémonos en lo estratégico”. Llamarle a algo estratégico es ponerle la etiqueta de adecuado, pero ¿Qué lo convierte en estratégico? ¿Que funcionó alguna vez? ¿En qué mundo? ¿Con qué personas? ¿Con qué tipo de clientes o ciudadanos?


El coaching al liderazgo debe invitar al cuestionamiento de la búsqueda de fortalezas y debilidades, de oportunidades y amenazas, que tienen el riesgo de volver a hablar desde donde siempre hablamos. Hay un camino de preguntas anteriores para todos nosotros: ¿Desde dónde hablas? ¿A quién y a qué estás sirviendo? ¿Qué llamado te mueve? ¿Qué estás dispuesto a ver y escuchar? ¿Qué estás dispuesto a dejar en el camino? ¿Te asomarías a una cámara indiscreta en la que escucharas lo que piensan realmente de ti? ¿Y para saber lo que te piden? ¿Serías capaz de aceptarlo sin llenarte de juicios y respuestas invalidantes? Todo esto porque antes del Hacer hay que entrar en el dominio del Ser o si la táctica no lo recomienda, al menos en paralelo.

Es muy fácil obrar cuando creemos que lo que hacemos en la sombra nunca se va a saber. El coach tiene la obligación moral de traer el escenario de la transparencia ¿Cómo actuaría en un mundo completamente transparente? ¿Cómo actuaría si todo debiese ser explicado desde la “verdad” de nuestra intención?

Las conversaciones interiores de las que hablo son conversaciones libres, no comprimidas por las emociones que nos conducen a la escasez y a la sequía, para lograrlo puede ser necesario aceptar lo inasible, lo que hasta ahora no ha tenido explicación, puede ser necesario no caer en la tentación de envasar las nuevas dinámicas que emergen en el mundo en las antiguas vasijas de explicaciones.

Abrirse a la conciencia requiere quitarse los viejos lentes que nos llevan a revisitar lo visto. Es una forma de desnudamiento, de aceptación de la vulnerabilidad al soltar eso que nos hemos acostumbrado a tener: ventaja ¿Cuánta ventaja necesito tener sobre los otros para liderar? ¿Implica ser líder tener esa ventaja para guiar a otros? ¿Podemos asimilar estas dos palabras: Líder y Guía? ¿Sirve hoy un Guía para abordar procesos transformacionales profundos? Una voz interior dice que no, pero nuestros patrones de conducta la desconocen, son sordos como eran ciegos los ojos que no veían.


A ese interior que discute consigo mismo se dirige el coaching al liderazgo. Así lo estoy intuyendo y así quiero contarlo, para abrir la conversación que espero. Ω